Nunca me ilusionó casarme y mucho menos tener hijos. No soy de esas mujeres que trazan como parte de su proyecto de vida ser esposas y/o madres.
Me creía una persona muy independiente, que no necesitaba de nada ni nadie para estar bien; siempre pensé que las personas eran perfectamente reemplazables y que el lugar que hoy ocupa una persona en tu vida, mañana puede ser llenado por otra.
Confieso tener muchos rasgos de personalidad limítrofe y mis ideas u opiniones de las personas cambian brusca y rápidamente, incluso el concepto que tengo de mí misma. Hace 4 años e diagnosticaron depresión mayor, en lo personal creo que fue parte de mi cuasi trastorno de personalidad, por ende... al sentirme mejor abandoné el tratamiento pero mi problema no se solucionó.
En aquellas épocas me sumí en una profunda tristeza, sólo trataba de hacerme daño yo y hacerle daño a la única persona que estaba y está a mi lado incondicionalmente, aquella persona cuyo amor por mí es más grande de lo que alguna persona pudiera imaginar. Entre tanto con él me siento mejor, soy muy feliz y siempre, aunque no quería reconocerlo, supe que sólo él podría hacer de mí una persona feliz.
Me casé, y me sentí muy contenta de hacerlo, por fin mi vida tomaba el rumbo que yo siempre quise, me sentía en una total paz conmigo misma por haber tomado la decisión adecuada. Una convivencia muy llevadera, un matrimonio basado en la comunicación, un esposo maravilloso es lo que tuve desde el momento en que me casé. Realmente me siento enamorada, pero sobre todo afortunada de tener a este hombre a mi lado.
Ahora tengo un hijo con él y aunque tenemos altibajos, seguimos siendo en muchos momentos felices. Hemos construido una felicidad en base a pequeños momentos juntos, robándole tiempo al tiempo y regando a diario la plantita de nuestro amor, ese que jamás pensé que existiera y mucho menos que existiera para mí.
Las cosas son un poco difíciles ahora, los dos trabajamos, él hace una maestría y yo un diplomado, mis guardias y sus trabajos grupales no nos permiten pasar mucho tiempo juntos, pero... hacemos lo que podemos. Jun - así se llama nuestro hijo- siempre logra robarnos una sonrisa por más cansados que estemos, y soy muy feliz de que César - mi esposo- también se tome un tiempo para jugar con él casi a diario. En verdad siento que tengo una familia feliz :D y que todo lo que pueda pasar lo podemos superar.