Siempre he odiado a las chicas que me han parecido mosquitas muertas, esas que todos los hombres miran con ojos de huevo frito y no son capaces de darse cuenta que en verdad son unas arpías, maestras en la manipulación y acostumbradas a obtener todo aquello que desean. A diferencia de lo que realmente son, los varones las ven como seres sumamente inocentes e indefensos – si supieran que en realidad ellos son los indefensos- incapaces de hacer daño.
Hace poco me di cuenta que yo soy una de esas chicas, que vivo la ventaja de ser como esas chicas cuya sola presencia tanto me disgusta, en verdad no me molesta ser una de ellas – al menos mientras consigo aquello que siempre he buscado- pero odio serlo cuando veo que las demás chicas me miran mal. Perdón! pero qué culpa tengo yo que los hombres no deseen ver lo que se presenta ante sus narices?, que no se den cuenta que no soy lo que ellos quieren que sea o lo que ellos quieren creer?
Me he preguntado desde hace algún tiempo qué de especial puedo tener para que las personas que me rodean, en especial ciertos chicos muy nobles, centrados, honestos y de buen corazón se hayan quedado prendados de esta poco sincera mujer. Lo digo de en esta manera porque es lo que en verdad me hacen sentir (aunque parezca egocéntrico de mi parte). Mi opinión es que estos chicos deberían buscarse alguien mil, millones de veces mejor de lo que soy yo o de lo que alguna vez pueda yo llegar a ser.
Se habrán perdido tal vez en mi mirada enmarcada por los rasgos orientales que heredé de mis antepasados?, es acaso la sonrisa fácil la que los engaña con tanta facilidad?, o tal vez es el hehco que soy una mezcla de latina y oriental?. Sinceramente no lo sé, pero ahora me doy cuenta que no todas las mosquitas muertas son culpables de serlo, quiero decir no todas buscamos que nos vean así. A veces simplemente se da.

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